Los seres humanos poseemos dientes que están hechos para moler más que para desgarrar, y tractos intestinales largos y sinuosos adecuados para la lenta digestión de plantas fibrosas, a diferencia de los tractos cortos y menos retorcidos de los animales carnívoros, que procesan rápidamente la carne.
No obstante, actualmente, la dieta típica de la civilización occidental ha sufrido una modificación radical: se ha alejado de los alimentos vegetales con los que evolucionó el género humano, para dar preferencia a los alimentos de origen animal. Se ingiere grasa, azúcar y proteínas, en demasía, y muy poco almidón sin refinar, con lo cual aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, cáncer, hipertensión arterial, diabetes y obesidad.
Quienes tratan de contrarrestar estos efectos sometiéndose a dietas para perder peso, rápidamente vuelven a engordar, con frecuencia en proporción mayor de lo que adelgazaron por el régimen.
El secreto para controlar el peso permanentemente no es una dieta, sino un plan de alimentación equilibrado para toda la vida, a base de alimentos sanos y sabrosos que contengan el máximo valor nutritivo.
Las bases de este plan, son las siguientes:
1. Coma carbohidratos complejos, o sea, almidones o féculas, ya que tienen menos grasa y hasta un tercio de sus calorías se eliminan indigeridas. Estos alimentos, como el trigo, el arroz, el centeno y la avena integrales, satisfacen el apetito porque contienen fibra, que llena el estómago y no aporta muchas calorías. (más…)